Supervise y esté siempre presente en los encuentros niño-perro, perro-niño-entorno.
Cuando el cachorro llaga a su nuevo entorno es conveniente dejarle hacer, que esté tranquilo, investigue olfateando los nuevos olores y sensaciones, familiarizándose con todo ello. Con tranquilidad pues la situación es estresante, nueva familia, nuevo entorno, muchas sensaciones, etc.
Le ofreceremos un espacio, destinado al efecto, con su cama, agua limpia, juguetes y mordedores. La alimentación será rigurosamente la aconsejada por el criador, pues conoce su dieta anterior.
Debemos saber sostener al cachorro correctamente, con firmeza, entre los brazos, rodeando su tórax sobre nuestro pecho. No por las patas o piel del cuello o lomo.
Normalmente un cachorro sano pude dormir quince o veinte horas al día, no le molestemos; según crezca esta necesidad será menor.
Cuidado con la humedad, frío, corrientes, cables, productos tóxicos, objetos que pueda tragarse, coches y otros peligros en la calle, etc. Piense que son muy curiosos, son como niños.
Tanto si el cachorro llega a la casa donde hay un niño, (este respetará sus cosas, comida, sueño, etc.),como si el que llegara fuese un niño, entonces programaremos una adaptación gradual, mostrándole ropa del bebé para el reconocimiento de olores, sin dejar que juegue o muerda la ropa. Cuando el bebé llegue a la casa vigile los primeros contactos, serán importantes; que el perro olfatee al niño, pero que no le lama. Es importante que el animal no se sienta desplazado para que no culpe a la llegada del "intruso" como responsable de su desdicha. La vida debe ser lo más normal posible, cuantos menos cambios mejor. En cualquier caso, por mucha fé que tenga en su perro, no le deje solo con el bebé, le puede lastimar involuntariamente, curioseando con él.
Los primeros contactos son muy importantes, no se quede con ninguna duda, pregunte al profesional de su confianza tanto como necesite.








